Sobre mí

Hay veces que la vida cambia sin hacer ruido.

No siempre sucede con un gran acontecimiento. A veces empieza con una pregunta, con una sensación difícil de explicar o con la certeza de que algo ya no encaja.

Si has llegado hasta aquí, quizá te apetezca conocer un poco de mi historia. No porque sea especial, sino porque, de algún modo, también ha acabado dando forma a la manera en la que hoy acompaño a otras personas.

Todo empezó buscando respuestas

Xavier

No llegué al mundo de la espiritualidad porque estuviera de moda. Ni porque soñara con dedicarme a ello. Llegué porque necesitaba entender qué me estaba pasando.

Con diecinueve años atravesé una etapa bastante difícil. Después de una ruptura personal empecé a sentirme perdido. Había días en los que me costaba reconocerme. Sentía muchas cosas al mismo tiempo y no encontraba la forma de darles sentido.

Con el paso de los años, y gracias a personas que supieron acompañarme sin juzgarme, comprendí que detrás de aquel caos había una sensibilidad que simplemente no sabía gestionar.

Aquello no resolvió mi vida de un día para otro. Pero sí fue el comienzo de un camino. Un camino que me devolvió poco a poco la calma.

No llegué buscando espiritualidad. Llegué buscando entenderme.

Aprender a escuchar el silencio

El Reiki apareció casi por casualidad. Recuerdo que esperaba vivir algo extraordinario. Alguna experiencia que confirmara que estaba haciendo lo correcto.

Pero no ocurrió nada de eso. Y, curiosamente, fue lo mejor que podía haber pasado.

Con el tiempo descubrí que la energía rara vez necesita hacer ruido para transformar algo. A veces solo se manifiesta como una respiración más profunda. Como una preocupación que deja de pesar tanto. Como ese instante en el que vuelves a sentirte en casa dentro de ti.

Siempre he sentido una conexión muy especial con Japón y con su forma de entender la vida. La paciencia. La práctica constante. La sencillez.

Xavier en el dojo
Justo antes de empezar las clases de artes marciales.

Quizá por eso el Reiki tradicional japonés resonó conmigo desde el primer momento. Nunca me atrajo una espiritualidad llena de artificios. Siempre me ha interesado aquello que permanece cuando desaparecen las palabras.

La energía no siempre llega con intensidad. Muchas veces llega en silencio.

El cuerpo también enseña

Antes de acompañar a otras personas, pasé muchos años aprendiendo a escuchar mi propio cuerpo.

Durante más de una década practiqué artes marciales tradicionales, viajé a Japón y tuve la suerte de conocer maestros y compañeros que dejaron una huella muy profunda en mí.

Xavier practicando artes marciales tradicionales
Aunque aquí no lo parezca, el que daba clases de Qi Gong era yo 😅

Después llegaron el Qi Gong, la meditación y muchas otras prácticas que me enseñaron algo que ningún libro podía explicar: que la verdadera comprensión aparece cuando una enseñanza deja de estar en la cabeza y empieza a formar parte de la vida.

Si algo he aprendido durante todos estos años es que la experiencia transforma mucho más que cualquier teoría.

Nunca he sabido quedarme quieto

Siempre he sentido curiosidad por la vida. He recorrido el Camino de Santiago. He vivido la radio desde dentro. He formado parte de castells. He practicado deporte durante muchos años.

Xavier jugando a Flag Football
Yo jugando a Flag Football.
Xavier en Ona de Sants haciendo radio
Mi paso por Ona de Sants, donde hice mis primeros podcast y viví la radio desde dentro.

Y cada una de esas experiencias me enseñó algo diferente sobre las personas. Sobre el esfuerzo. Sobre la confianza. Sobre la importancia de caminar acompañado.

Hoy entiendo que todo eso también forma parte de mi manera de trabajar. Porque la espiritualidad, para mí, nunca ha estado separada de la vida cotidiana.

Lo profundo también vive en las cosas sencillas.

Un camino que nunca pensé recorrer

Hay algo que pocas personas saben. Yo nunca quise dedicarme a esto. Durante mucho tiempo solo quería aprender para mí. Practicar en silencio. Seguir mi camino sin llamar demasiado la atención.

Xavier junto a su maestro de Reiki el día que recibió el Gokuikaiden
Foto junto a mi maestro de Reiki el día que recibí el Gokuikaiden.
Diplomas de la Escuela de Neón
Cursos con Jennifer de Neón, una maestra que me ayudó a abrirme a lo invisible.

Pero la vida parecía tener otros planes. Una persona pedía ayuda. Después otra. Y otra más. Sin buscarlo, empecé a acompañar a quienes se cruzaban en mi camino.

Al principio pensaba que era casualidad. Con el tiempo entendí que quizá simplemente había llegado el momento de compartir lo que había aprendido.

Abrí mi espacio sin grandes planes. Solo con la intención de ofrecer el mismo tipo de acompañamiento que un día yo también necesité.

No fue una decisión impulsada por la ambición. Fue una respuesta a lo que la vida iba poniendo delante de mí.

Cómo acompaño hoy

No creo que las personas necesiten que alguien las arregle. Creo que, muchas veces, solo necesitan un lugar donde puedan bajar la guardia. Un espacio donde no tengan que demostrar nada. Donde puedan respirar. Escuchar lo que sienten. Y recordar quiénes son debajo del ruido.

Espacio de sesiones en el centro de Barcelona
El espacio en el centro de Barcelona.

Cuando alguien llega a una sesión no veo únicamente el momento difícil que está viviendo. También veo todo lo que todavía puede florecer.

Mi trabajo consiste en acompañar ese proceso con honestidad, respeto y presencia. Sin promesas imposibles. Sin respuestas prefabricadas. Y con la tranquilidad de saber que, si siento que otra persona puede ayudar mejor, seré el primero en decirlo.

Porque al final esto nunca ha ido sobre mí. Siempre ha ido sobre el camino de quien se sienta delante.

Xavier Giner

Si algún día nuestros caminos se cruzan, espero poder ofrecerte lo mismo que otras personas me ofrecieron a mí hace muchos años: un espacio donde sentirte escuchado, acompañado y, sobre todo, libre para ser tú.

Con eso, para mí, ya tendría sentido todo este viaje.

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