Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

Palabras japonesas que me acompañan

Hay palabras que se sienten. Hoy quiero compartirte algunas palabras japonesas que siempre me han acompañado.

Mi mente piensa, siente y respira muchas veces a la manera oriental: con esa calma que observa más que busca, que comprende más que explica, que encuentra belleza en lo sencillo y profundidad en lo invisible.

Japón tiene esa capacidad de nombrar cosas que en español no sabemos describir. Conceptos que capturan sensaciones, estados internos y formas de vivir. Y quizá por eso estas palabras me han marcado. Cada una es una ventana abierta a una manera diferente y consciente de mirar la vida.


Yūgen (幽玄)

Es la palabra que uso en mi nombre de Instagram (@xavi_yugen).

Yūgen es una de esas palabras imposibles de traducir de manera literal, porque pertenece a un lugar más profundo que el lenguaje no consigue abarcar. Es una presencia, una vibración, un susurro. Significa algo asi como: la belleza que vive justo más allá de lo visible, aquello que intuimos sin terminar de comprender… pero que aun así nos conmueve.

Por eso la elegí para mi nombre en redes. Porque Yūgen no es un concepto que se explique con palabras, es un concepto que se siente.

Habla de esa emoción sutil que aparece cuando contemplas algo inmenso (un bosque, una mirada, una verdad interna) y sabes que hay algo más, algo que tu mente no alcanza a entender del todo, pero que tu alma si reconoce. Es la maravilla silenciosa que te deja sin palabras, pero con el corazón abierto.

Yūgen también es, para mi, un recordatorio de que no hace falta comprenderlo todo para caminar hacia delante. Hay conocimientos que no llegan por análisis, sino por crecimiento interior. La comprensión llega cuando el alma está lista (ni antes ni después).

En el arte japonés, Yūgen es ese detalle que no se muestra del todo: la montaña envuelta en niebla, la sombra que sugiere una historia, esa mirada que reconoces en otra persona y por instante atraviesa tu alma. Es la belleza del misterio, la aceptación de que lo esencial no siempre se revela a plena luz. Y eso tiene algo profundamente espiritual: cuando dejamos espacio al misterio, el alma encuentra un lugar para reconocerse.

Quizás por eso Yūgen me acompaña tanto: me recuerda que mi camino, mis enseñanzas y mis búsquedas no necesitan ser comprendidas al instante. Que puedo avanzar desde la intuición, desde lo que vibra, desde lo que sé sin saber por qué.

Yūgen es la confianza en esa parte invisible del viaje. Es dejar que lo profundo se revele a su tiempo y a su ritmo.


Hikari (光)

Significa “luz brillante”, pero en realidad es mucho más que eso. Hikari no es solo la luz que ilumina: es la claridad que guía , la chispa que nace en el interior y se expande hacia fuera.

Durante mucho tiempo fue mi antiguo nombre en redes, y aún hoy sigue siendo una de mis aspiraciones más profundas: ser luz para otros, sin dejar de ser luz para mí. No pretende que los demás vean lo mismo que tú; simplemente alumbra el camino para que cada persona pueda encontrar el suyo.

En japonés, el kanji (光) transmite algo muy bello: la sensación de un brillo que atraviesa la oscuridad sin destruirla. Porque la luz auténtica no niega la sombra: la reconoce y la transforma.

Quizás por eso siempre he sentido tanta conexión con Hikari. Me recuerda que mi misión (como acompañante, como Sensei) no es iluminar por encima de nadie, sino simplemente ser un punto de claridad en los momentos donde otros necesitan recordar su propia luz.

Hikari es un recordatorio de que la luz no es un destino, es una práctica. Una manera de vivir. Un camino que se recorre día a día, con humildad, presencia y (sobretodo) corazón.


Sensei (先生)

Es una de las palabras japonesas con las que más me identifico. Su significado habitual es “maestro” o “profesor”, pero a mi me gusta su traducción literal: el que ha iniciado el camino antes.

No puede haber una palabra más bonita y acertada para describir los caminos humanos, ya sean marciales, espirituales o del ámbito que tú quieras. Cualquier persona que enseña, guía o ayuda, es alguien que un día tampoco sabía nada de aquello que ahora transmite. Inició su camino, aprendió, se equivocó, se levantó, acumuló experiencia. Lo único que hace hoy es compartirla con aquellos que tambien quieren aprender.

Un sensei no es quien sabe más, ni quien enseña desde arriba. Es quien ha comenzado antes y, por eso, puede ofrecer su experiencia con humildad. El verdadero sensei no impone: acompaña. Camina contigo, no delante de ti.

Y, sobre todo, un auténtico sensei no teme que sus alumnos le adelanten o incluso lo superen. Al contrario: su propósito es ayudarles a desplegar todo su potencial y a dar lo mejor de sí mismos.


Ganbatte kudasai (頑張ってください)

Esta expresión japonesa es muy especial para mí porque era la que nos decía el Sōke cuando practicabamos artes marciales. Viene de ganbaru, que significa dar lo mejor de uno mismo, mantenerse firme y avanzar con determinación interior. Ganbatte es una invitación a poner corazón y presencia en lo que haces. Kudasai lo vuelve respetuoso, suave, humano.

Juntas, no significan simplemente “esfuérzate”. En realidad quieren decir:

«Por favor, da lo mejor de ti.»

Cuando un maestro te dice Ganbatte kudasai, en verdad está diciendo: confío en ti, ya tienes lo que necesitas, adelante, tu camino continúa. No es una orden ni una exigencia. Es casi una bendición: una forma de honrar tu capacidad de avanzar. Es con el tiempo, que he podido apreciar el profundo significado de esta expresión.

Cuando yo daba clases de artes marciales, siempre añadía algo más a esta enseñanza: no hace falta hacerlo perfecto. Lo importante es que sigas practicando y que hoy des tu 100%, sin importar si la técnica es impecable o no. Hoy tu 100% será uno; pero si sigues entrenando, creciendo y avanzando, dentro de un tiempo tu 100% será mucho más alto.

Esa es la verdadera esencia de ganbaru: progresar desde el corazón, paso a paso, con autenticidad.


Ahora te enseño algunas que me gusta su Kanji y tambien tiene un bonito significado:

Kokoro – Corazón

Su kanji tiene forma de una cara sonriente. Kokoro es el corazón, pero también la mente, el alma y la intención. Es el lugar donde se unen lo que sentimos, lo que pensamos y lo que somos de verdad.

En la cultura japonesa, Kokoro no se separa en partes: no hay un corazón por un lado y una mente por otro, sino un único centro desde el cual nace nuestra forma de estar en el mundo. Por eso se dice que actuar con buen kokoro significa hacerlo con sinceridad, compasión y presencia.

Un kokoro feliz está en paz, y está lleno. No lleno de cosas, sino de claridad y propósito. Es ese estado en el que tu interior deja de pelear consigo mismo y simplemente fluye.

Y así debería ser para mí vivir, hacerlo desde un kokoro tranquilo y luminoso. Un corazón que no se agita por cada sombra y una mente que no se dispersa por cada ruido. Un alma que escucha, que siente y que responde desde la calma.

Porque cuando el kokoro está alineado, la vida se vuelve más simple: lo que confunde se aclara, lo que pesa se aligera, lo que duele se comprende y el corazón se abre para recibir.


Hasu (蓮) — Flor de loto

Amo este kanji porque representa perfectamente la esencia de la flor de loto. Una raíz que nace en el fondo del lago, atraviesa el agua y florece en la superficie. Delante, una persona que la observa solo ve la flor… pero la verdadera fuerza está debajo, en las profundidades donde empezó todo.

Hasu nos quiere enseñar que la iluminación no es un salto, sino un proceso: un ascenso paciente y constante desde lo profundo hasta lo sagrado. Que no hay despertar sin haber tocado antes la tierra fértil de nuestras propias aguas profundas. Y que, incluso si hoy nos sentimos en el fondo del lago, siempre existe un camino hacia la superficie.


Quizás por eso estas palabras japonesas me acompañan tanto: porque cada una de ellas es un pequeño faro que ilumina un paso más del camino que nos toca recorrer. Me recuerdan que lo esencial no siempre se ve; que la luz verdadera nace dentro. Que enseñar es compartir. Que el corazón es hogar; y que, incluso en el fondo del agua, una flor puede abrirse hacia el cielo.

La vida es así: un viaje hecho de pequeñas cosas, de aprendizajes compartidos y de belleza escondida que hay que saber encontrarla. Y cuando aprendemos un poco de estas palabras, el alma empieza a hablar y nosotros a escucharla.

Si estas palabras te han resonado, quizás sea tu momento de dar un paso más en tu propio camino interior. Te invito a explorar mis cursos y sesiones de Reiki, espacios donde comparto precisamente esto: caminar contigo, desde la presencia, la luz y la profundidad.

Cuando estés listo, aquí estaré, desde un kokoro tranquilo y luminoso, para acompañarte a descubrir tu propia esencia.