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Quiromasaje: el silencioso diálogo entre manos y cuerpo

Antes del primer contacto en una sesión de quiromasaje hay un segundo de quietud. Y después, calor. Ese calor que pasa de mis manos a otra piel es el principio de todo.

Cuando alguien entra por la puerta, todavía no he tocado nada. Pero ya estoy leyendo. No es algo que se vea exactamente. Es algo que se siente. La manera en que el cuerpo llega acelerado, como si viniera corriendo desde hace horas y nadie le hubiera avisado de que ya puede parar. Como si la puerta fuera solo una pausa, no un punto de llegada.

Y casi nunca llegan solos. Casi siempre vienen acompañados de algo más: la semana entera, las palabras que no se atrevieron a decir, las que dijeron de más o el sobreesfuerzo físico para acallar aquello que no querían oír.

Después de una breve charla, llega el momento de tumbarse en la camilla. La mayoría siguen hablando. Los nervios, el no saber qué se van a encontrar o incluso si les va a doler el masaje. Es muy normal. Y en ese momento, mi mente empieza a desplazarse suavemente de sus palabras hacia lo que está debajo. Hacia la parte que me va a contar la verdad.

Ahí es cuando entran mis manos.

Se presentan despacio. Sin prisa. Con un calor agradable, gracias a la energia del Reiki. En esos primeros pases no estoy buscando nada todavía. Estoy escuchando. Dejando que sea el cuerpo quien hable primero. Trato de averiguar que me quiere contar. Es un primer dialogo con el cuerpo muy bonito.

Porque es asi. En realidad, el quiromasaje, es una conversación. Una conversación que no usa frases. Hecha de sensaciones, de presión y de calor, de notar dónde el cuerpo resiste y dónde empieza a ceder. Las manos preguntan con cariño. El cuerpo responde con sinceridad.

Y poco a poco, ese diálogo va dando sus frutos.

Un músculo que llevaba semanas duro como una piedra empieza a ablandarse. El silencio se va adueñando de la sala. La respiración se vuelve más lenta y ancha. El cuerpo deja de ser fuerte por unos instantes.

Una camilla para una sesión de quiromasaje

Ahí ya sé que el diálogo da sus frutos

Porque el cuerpo agradece que le den permiso para relajarse. Que no pasa nada por soltar todo ese peso, todo ese cansancio que lleva encima, aunque sea durante una hora.

La gente cree que los beneficios del quiromasaje se reducen a aliviar tensiones musculares. Y sí, eso ocurre. Es parte del trabajo.. Pero con el tiempo he aprendido que hay algo más profundo pasando debajo…

Lo que el quiromasaje realmente escucha

Cada cuerpo me cuenta una historia. Algunos me hablan de estrés crónico y el ritmo accelerado. Otros de cansancio acumulado sin pausa, tras largas e intensas jornadas deportivas. Otros de emociones que llevan tiempo guardadas en algún lugar, que no es exactamente físico, pero que el cuerpo ha decidido guardarlas ahi porque no supo dónde ponerlas.

Y cuando trabajas con atención, empiezas a reconocer el patrón. En el fondo, casi todos los cuerpos dicen lo mismo: He sido fuerte demasiado tiempo.

Hay un momento en muchas sesiones que nunca me cansa. Sucede cuando la respiración cambia de golpe. Cuando el cuerpo deja de resistirse y simplemente se abandona. No es dramático. Es un instante pequeño, casi imperceptible. Pero es muy claro: El cuerpo confía.

El cuerpo es lo que más ignoramos y, paradójicamente, lo que más nos sostiene. Cuidarlo, con quiromasaje o con Reiki, es un acto de amabilidad hacia uno mismo. Como nos recuerdan los cinco principios del Reiki: Hito ni Shinsetsu ni. Sé amable con los demás. Y también contigo.

Ya conforme el tiempo se va agotando el cuerpo se ha relajado. La persona que llegó cargada, abandona parte su pesadez para irse más ligera. El cansancio con el que venia el cuerpo, agradece que se le haya dado permiso para eliminarlo.

Y el mundo parece diferente entonces. No porque algo haya cambiado fuera. Si no porque ha pasado dentro de ti. Tu cuerpo ya no sostiene ese peso de la misma manera. Ha tomado una pausa. Seguramente durante unas horas seguirá agradecido por ese diálogo que cura el alma. Seguirá «pensando» (trabajando) en esa conversación que ha tenido silenciosa para recuperarse. Y en unas horas, nuevamente, estará listo para seguir.

Por eso el quiromasaje es una de las cosas que más me gusta hacer.

Porque es un lenguaje muy antiguo. Anterior a las palabras. Un lenguaje que nace del cuidado, del calor y del contacto entre persona. Porque no hay nada que nos acerque más a otra persona que el tacto. Sentir que estás cuidado. Que alguien está ahí, presente, con las manos y con la atención.

Recuerdo a una compañera durante las prácticas que dijo algo que no he olvidado: “Desde que hago esto, me siento más conectada a las personas.” Después de un tiempo haciéndolo, también puedo decir, sin dudarlo, que la entiendo completamente.

Si sientes que tu cuerpo también necesita una pausa, como la de este texto, puedes reservar tu sesión de quiromasaje aquí.


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